Empezando por la definición de ilustración, en el Diccionario de la Real Academia Española nuestro caso se acogería a la segunda y tercera definición de la palabra, siendo la segunda “Estampa, grabado o dibujo que adorna o documenta un libro.” y la tercera, “Publicación, comúnmente periódica, con láminas y dibujos, además del texto que solía contener.” (Real Academia Española, s.f., definición 3).
Si por el contrario nos fijamos en el infinitivo de la acción en sí “ilustrar” encontramos como definición “Aclarar un punto o materia con palabras, imágenes o de otro modo.”
De forma similar, la definición del Diccionario Akal de Estética
de E, Souriau (1998) genera mayor profundización: “hacer más claro, más
inteligible, dar luz”, y está en relación con el sentido etimológico de su
ascendencia latina, illustrāre:
alumbrar.
Dentro de los medios gráficos encontramos los grabados, dibujos,
fotografías, mapas, esquemas y diagramas, generalmente son también denominados
ilustraciones y su función es apoyar la comprensión en los textos expositivos a
través de un mensaje directo y sencillo (Sánchez y Martín, 2005). Por otro
lado, T. Durán (2005) incluye a la definición elementos como la capacidad de
transmitir un determinado tipo de mensaje al decir que la ilustración es una
imagen narrativa particularmente persuasiva cuando se utiliza en un
libro-álbum, por estar secuenciada conforme a un hilo narrativo. Se puede
considerar, por lo tanto, un medio comunicativo, ya que se produce un
intercambio entre emisor y receptor.
Al final, la definición más aceptada es la que aportan
Salisbury y Styles (2012) cuando hacen referencia a una imagen que acompaña a
un texto, noticia o evento, pero existiendo una interdependencia entre ambos al
transmitir un contenido. En definitiva, un recurso que ayuda a crear una imagen
mental. No sólo eso, sino que, según la intención del autor, buscará animar o
impulsar al lector, provocará sensaciones o servirá de aprendizaje.
La ilustración está presente desde la Edad Antigua, donde
varios libros manuscritos incluían ilustraciones únicas también dibujadas a
mano y, posteriormente copiadas igualmente con ese método. Podemos observar
incluso pinturas rupestres, en el arte del antiguo Egipto, Grecia y Roma. Se
observan una multitud de historias contadas a través de las imágenes, o incluso
relieves que ilustran mitos y leyendas.
A partir de los siglos IV y V se usaba la imagen para ayudar
a entender los textos religiosos a aquellos que no sabían leer. Esto suponía
que se asociará la ilustración a la baja cultura. Por el contrario, durante el
siglo XV, se empezaron a realizar libros de texto manuscritos especialmente
para la nobleza, por el costo y tiempo que suponía su realización. Generalmente
utilizando materiales como papel, tinta y portadas de cuero enjoyadas.
No fue hasta el siglo XV con la llegada de la imprenta,
diseñada por el alemán Johannes Gutenberg, que gracias a las nuevas técnicas de
impresión se abrió la posibilidad de reproducir textos e imágenes con más
facilidad, impulsando la cultura tanto literaria como ilustrativa y científica.
Es también durante este siglo cuando la ilustración se enlaza
con la ciencia y se empiezan a formalizar disciplinas como la botánica o la astronomía,
alcanzando a más personas gracias a la imprenta. Debido a las ilustraciones de
diferentes tipos de plantas o inventos se vuelve mucho más sencillo explicar
las diferentes partes y descripciones de estos.
Según citan Peter Burke y Asa
Briggs:
Elizabeth Eisenstein, historiadora
norteamericana, afirmó, en un ambicioso estudio publicado por primera vez en
1979, que la de la imprenta fue una «revolución no reconocida» y que las
exposiciones tradicionales sobre el Renacimiento, la Reforma y la revolución
científica subestimaron su papel como «agente de cambio» (2002, pp.33).
La considerada primera época dorada del ilustrador aparece en el siglo XIX, tras la llegada de la Revolución Industrial y las nuevas técnicas de impresión, que posibilitan grandes tiradas y la comercialización en serie de libros y revistas, que eran uno de los grandes medios para el entretenimiento de la sociedad.
Más tarde, en el siglo XVII, la ilustración como recurso didáctico empezó a convertirse en un medio esencial para la educación infantil desde la aparición de Orbis Sensualium Pictus de Amós Comenio, considerado el primer libro para niños/as en el que se añaden imágenes que, en el contexto de educación, según la pedagogía “comprende el poder de las imágenes, las cuales son capaces de estimular la curiosidad y el interés del niño, añadiendo cierto placer lúdico a la lectura” (Miguel, 2018, párr. 3).
Dentro de la historia de la ilustración infantil destacamos a Thomas Bewick, un grabador inglés, que empezó a realizar ilustraciones para niños con un nuevo método de xilografía, permitiéndole mucho más detalle en sus obras.
A finales del siglo XIX, las ilustraciones adquieren un tono más expresivo y colorido con la intención de destacar frente a la aparición de la fotografía en 1880. Gracias al talento de los ilustradores de la época se creaban imágenes que resultaban imposibles de reproducir con una cámara fotográfica, las cuales, además aún tenían sus propios inconvenientes como los tiempos de espera y la facilidad con la que podía salir algo mal durante el disparo. Por otro lado, aparecieron nuevos recursos artísticos como los encuadres y los planos, lo que supuso la aparición de la abstracción en la ilustración (Jorge, 2018).
Con las vanguardias artísticas, en el siglo XX, muchos de los
pintores que conocidos, como Kirchner o Heckel, se consideraban a sí mismos
ilustradores, ya que consideraban sus obras era un arte para el pueblo y que
tenía como fin reproducirse cuantas más veces mejor (Jorge, 2018).
En ese sentido encontramos diferentes tipos de ilustración
según la necesidad, véase: ilustración editorial, ilustración publicitaria,
arte conceptual, ilustración de moda, ilustración técnica (científica),
infografía, ilustración de producto, ilustración fantástica e ilustración infantil.
En los museos este tipo de recurso expositivo es ampliamente
utilizado para apoyar textos expositivos, infografías, de apoyo a la imaginería
y una forma de simplificar procesos más complejos.
Referencias:
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª
ed., [versión 23.5 en línea]. https://dle.rae.es Recuperado el 17 de julio de 2022
Souriau, E. et al. (1998). Diccionario Akal de
Estética. Madrid: Akal.
Almansa Sánchez, J; Señorán Martín, J. M.
(2005). La cartelería y sus niveles. Arqueoweb: Revista Sobre Arqueología En Internet, 1(7).
Durán, T. (2005). Ilustración, comunicación,
aprendizaje. Revista de Educación,
núm. extraordinario, 239-253
Salisbury, M. & Styles, M. (2012). El arte de ilustrar libros infantiles.
Concepto y práctica de la narración visual. Barcelona: Blume
Burke, P. y Briggs, A. (2002). De Gutemberg a
Internet: una historia social de los medios de comunicación. España: Taurus http://www.proglocode.unam.mx/sites/proglocode.unam.mx/files/4
Miguel, T. (2018, 25 julio). Orbis sensualium pictus: el mundo ilustrado
de Comenius. Proyectos Ilustrados. Recuperado 28 de mayo de 2022, de https://www.proyectosilustrados.es/orbis-sensualium-pictus-comenius/
Jorge Jurado, C. (2018). Ilustrando cuentos de Hans Christian Andersen (Doctoral dissertation, Universitat Politècnica de València).

